Conceptos sobre finanzas conductistas

Os pasamos un artículo muy interesante que nos han mandado uno de nuestros lectores acerca de la teoría de los conductistas aplicado al área de la economía y las finanzas, esperamos que os sirva y que abra dentro de vosotros nuevos debates acerca del comportamiento del ser humano dentro de los mercados financieros.

Breves pinceladas iniciales acerca de las finanzas conductistas

Este movimiento fue iniciado por Daniel Kahneman y Amos Tversky, dos psicólogos que arremetieron contra las posturas de los economistas sobre el comportamiento de los inversores y crearon una nueva disciplina económica denominada finanzas conductistas.

Posteriormente y gracias a sus aportaciones, Kahneman obtuvo el premio Nobel de economía por este trabajo.

Conociendo la teoría de los conductistas aplicado al campo de las finanzas y la economía de los mercados

Los conductistas, creen que muchos (incluso la mayoría) de los inversores no son nada racionales. Creen que los precios del mercado son muy imprecisos y que una reacción exagerada en el precio es la norma y no la excepción. Además, la gente se desvía sistemáticamente de lo que es racional, y las transacciones irracionales de los inversores suelen estar relacionadas. Los conductistas llevan más lejos su afirmación, asegurando que es posible cuantificar o clasificar dicho comportamiento irracional.

La teoría económica conocida hasta esa fecha, aceptaba el hecho de que existe un cierto comportamiento irracional de los inversores particulares, pero sólo de forma limitada. Las finanzas conductistas, sin embargo, dicen que este comportamiento es continuo y no pasajero.

Básicamente, hay cuatro factores que crean un comportamiento irracional del mercado: exceso de confianza, juicios sesgados, mentalidad de rebaño y aversión a las pérdidas.

Exceso de confianza en las inversiones

La gente se desvía sistemáticamente de la racionalidad a la hora de tomar decisiones con incertidumbre. Una de las desviaciones omnipresentes es la tendencia al exceso de confianza en creencias y capacidades y el exceso de optimismo sobre lo que va a ocurrir en el futuro. Los inversores tienden a exagerar su propia capacidad y niegan la intervención de la suerte. Sobre estiman sus propios conocimientos, infravaloran los riesgos que supone y exageran su capacidad para controlar los acontecimientos.

El exceso de confianza en la capacidad para predecir el crecimiento futuro de las empresas lleva a la tendencia general a sobre valorar los llamados títulos de crecimiento. Si la nueva tecnología informática, los dispositivos médicos o los centros comerciales se ponen de moda entre el público, los inversores normalmente extrapolarán el éxito, proyectarán tasas de crecimiento elevadas para las empresas correspondientes y mantendrán dichas creencias con mucha más confianza de la que es lógica.

Las opiniones sesgadas

Aparte de la dirección positiva a largo plazo del mercado de valores, las rachas de altas rentabilidades de las acciones no duran mucho y normalmente van seguidas de rentabilidades más bajas. Hay una reversión a la media.
La tendencia de las personas a engañarse con la ilusión de que tienen control sobre situaciones en las que, de hecho, no hay ningún control, es la que lleva a los inversores a sobrevalorar los títulos con pérdidas de su cartera. También puede llevarlos a ver tendencias que no existen.

El comportamiento de rebaño aplicado a las decisiones sobre inversiones

Los estudios demuestran que los grupos suelen tomar mejores decisiones que los individuos. Si se comparte mayor información y se tienen en cuenta distintos puntos de vista, la discusión informada del grupo mejora ! el proceso de toma de decisiones.
Sin embargo, un fenómeno ampliamente reconocido en el estudio del comportamiento de masas es la existencia del «pensamiento de grupo». Los grupos a veces se refuerzan para creer que un punto de vista incorrecto es, en realidad, correcto. Y eso se manifiesta con fuerza en la bolsa.

La típica aversión a las pérdidas a la hora de invertir o especular en los mercados

Kahneman y Tversky llegaron a la conclusión de que las pérdidas eran dos veces y media más indeseables de lo que eran deseables las ganancias equivalentes. En otras palabras, perder un dólar es dos veces y media más doloroso que la satisfacción que produce ganarlo.
La aversión por la pérdida lleva a muchos inversores a cometer errores monumentales.
Existe una clara disposición entre los inversores a vender sus títulos ganadores y mantener sus inversiones perdedoras. Vender unas acciones que han subido permite a los inversores realizar beneficios y crearse autoestima. Vender las acciones con pérdidas, hace que se produzcan los dolorosos efectos de la pérdida y el remordimiento, que de acuerdo con la teoría prospectiva duelen mucho más de lo que podrían compensar las ganancias equivalentes.