El descenso progresivo del euro frente al dólar y el fantasma del Brexit

En el mundo del mercado de divisas, 2016 está en principio llamado a ser el año en el que el dólar alcance finalmente la paridad respecto al euro. Desde el diciembre pasado, la tendencia alcista parecía más que clara en la moneda americana y, por su parte, el euro venía de sufrir serios reveses durante todo el año económico. La gestión de la crisis de los refugiados, el auge de la extrema derecha en Francia, el escándalo de Volkswagen y, ya en los últimos meses, las incertidumbres acerca de los futuros gobiernos de España y Portugal, fueron grandes losas en la valoración de la moneda común.

Sin embargo, tras más de un mes y medio de nuevo año, y pese a que el pesimismo sigue siendo la nota dominante, el euro ha soportado el primer envite y aun se mantiene por encima de los 1,10 dólares. El turbulento inicio de año, con caídas de las materias primas, de las Bolsas y de los instrumentos de crédito, ha provocado que la Reserva Federal americana aún no haya anunciado ninguna subida del tipo de interés en lo que va de año. Y esto, de paso, ha provocado el repunte en la cotización de la moneda única europea.

Pero, otra vez, esto no significa que desde lugar alguno se presagie que dicha caída del euro frente a la divisa estadounidense no se vaya a producir. Diversas voces especializadas siguen avisando de que, aunque gradual, el descenso del euro por debajo de la cotización del dólar se va a acabar produciendo tarde o temprano, una tendencia del mercado que iría de la mano con la depreciación también de las monedas de los mercados emergentes o BRICS, que según estos mismos análisis estarían cerca de tocar fondo en su prologado descenso. Ya la pasada semana, el euro tocó fondo en su cotización durante el mes de febrero y se colocó el viernes en los 1,1095 dólares, una tendencia a la que ayudan los signos de fortaleza emitidos por la industria y el mercado laboral estadounidenses.

En definitiva, se espera que el descenso del euro sea progresivo y constante hasta colocarse a nivel parejo del dólar. Eso siempre que el transcurrir político del 2016 para la Unión Europea sea tranquilo y no se produzca ninguna gran alteración en su estado financiero o político. Algo que, visto lo visto en los últimos años, parece harto complicado.

un mapa económico complejo
un mapa económico complejo

Y es que dentro de los muchos ojos que el mercado de la moneda única utiliza para mantener todo bajo control, varios de ellos se dirigen al Reino Unido. Para este año el gobierno británico ha convocado un referéndum sobre su estancia o no en la Unión Europea y, aunque desde todos los lugares se apunta a una continuidad (en las casas de apuestas al “NO” se le da una posibilidad de 3 a 1), la victoria del conocido como “Brexit” provocaría un terremoto de enormes proporciones en la zona euro.

Desde el segundo uno de la victoria de los que optan por una salida británica de la Unión Europea, o ya desde el momento en el que los sondeos avancen su supuesta victoria, miles de pequeños inversores, además de las acciones que las grandes corporaciones llevarían a cabo, comenzarían a apostar contra el euro a través de plataformas de forex trading. Todo ello tendría como resultado más que seguro el desplome definitivo del euro frente al dólar.

El pasado fin de semana, los presidentes de la Unión Europea, con el británico David Cameron incluido, se encontraban reunidos negociando unos posibles cambios en la legislación europea respecto al status del Reino Unido. De conseguir sus objetivos, Cameron, que busca sobre todo poder eliminar privilegios a los trabajadores europeos en territorio británico, daría un gran paso hacia conseguir que la permanencia en la Unión Europea gane adeptos en su país.

Sin embargo, tal y como nos ha mostrado la última década, aunque David Cameron salga como simbólico vencedor de esta última ronda de negociaciones, seguro que nadie pondría la mano en el fuego por que los británicos voten por mantenerse dentro de la Unión Europea en el próximo referéndum. Al fin y al cabo, Europa se ha acostumbrado a las sorpresas. Y, desgraciadamente, desde 2008 la mayoría de ellas no han sido agradables en absoluto.