La delgada linea entre ahorro e inversión

Muchas veces corremos el riesgo de confundir entre ahorro e inversión, sobre todo porque muchas veces las entidades financieras tampoco ayudan mucho a la hora de ayudarnos a diferenciar que productos forman parte del lado de productos de ahorro y cuales forman parte de simples productos de inversión.

Este es también uno de los motivos por los que se han ido conociendo malas praxis por parte de agencias o entidades bancarias que hemos ido conociendo a lo largo de la historia. El típico caso del abuelito, que ha ido al banco para contratar un producto de ahorro y sale sin saberlo con un producto de inversión de donde se sabe poco.

Obviamente, los casos recientes relativos a este tipo de productos hacen desconfiar a primera instancia pero sinceramente, ha servido para que se eliminase esa lacra de los productos financieros y saber determinar un buen producto de ahorro e inversión.

La principal diferencia entre el ahorro e inversión: El riesgo

Si pudiera definir con una palabra la diferencia entre el concepto de ahorro e inversión, contestaría, casi sin persarlo, “el riesgo”. Cuando por ejemplo, los ahorros podemos tenerlos depositados en nuestra casa o en una cuenta de depósito en un banco, sabiendo que el riesgo que corremos es muy remoto (sólo pensando en la inflación o en el propio riesgo de deuda de un país); en el caso de los productos de inversión, ya podemos establecer que el factor riesgo comienza a crecer de la misma manera que el inversor busca un incremento de rentabilidad con un capital limitado y finito.

la inversión o el ahorro pequeñas diferencias
la inversión o el ahorro pequeñas diferencias

En este preciso momento, es cuando un ahorrador se transforma en inversor, que buscaría un mayor retorno sopesando claro está ciertos riesgos inherentes a su inversión.

El típico ejemplo de diferencia entre ahorro e inversión, es cuando decidimos optar por la compra de acciones de una compañía que cotiza en bolsa, es en ese momento donde ya debemos ser conscientes que nuestra operación se trata de un movimiento inversionista y que podemos ganar más capital o perderlo. Aunque parezca una obviedad, no todos los inversores que se acercan a los mercados financieros son conscientes de que un activo financiero tiene un riesgo implícito y que si se buscan mayores rentabilidades, tendrá que someterse a un riesgo cada vez mayor en cada operación financiera que haga.

Volviendo al caso de las acciones de bolsa, aunque estemos invirtiendo en lo que se conoce como “blue chip” o valores de alta capitalización, nadie nos asegura que esa acción de la compañía, dentro de 10 años valga 100 euros, 50 o directamente 0.

Es por todo esto, por lo que hay que ser cauto a la hora de encaminarse por un producto de ahorro e inversión y mucho mejor me lo ponéis a la hora de decantaros por realizar movimientos especulativos a través de productos apalancados. Cada escenario debe ser acorde a nuestra tolerancia al riesgo con nuestro propio capital que ponemos encima de la mesa.