Principios del financiamiento colectivo

Cada vez es más difícil convencer a un banco o a un inversor de que financien una nueva idea de negocio, la desconfianza se ha incrementado en los últimos años dejando por el camino buenas ideas para promover el lanzamiento de start ups que finalmente quedaron en nada por falta de financiación. Para resolver este problema y dar una segunda oportunidad a los emprendedores, surgió el financiamiento colectivo permitiendo que no sean las instituciones bancarias ni los inversores profesionales los que decidan cuando una idea es viable o no.

El financiamiento colectivo trata de la exposición de un arquetipo de negocio en la red, de modo que todo el mundo pueda verlo y así aquel que opine que es interesante y que podría funcionar, podrá hacer una inversión. Evidentemente, todos los que inviertan en la idea serán recompensados de tal forma que si la idea prospera, creador e inversores sacarán beneficio, es decir, todos ganan. No obstante, existen dos tipos de financiamiento colectivo, uno se basa en el “todo o nada” y el otro en “todo suma”. En el primero, si no se llega al 100% de la recaudación esperada se devolverá el importe a los inversores y el negocio no se llevará a cabo. En el segundo caso, se exponen previamente varias metas, de tal forma que se informa de lo que se haría si se llegara a un 25%, 50%, 70%…. de la recaudación inicial; así se recaude lo que se recaude, siempre se podrá empezar algo. Aquellos que desconfíen del mundo online y no tengan acceso a un crédito del banco, siempre podrán optar por los mini préstamos al instante, una manera sencilla y rápida de conseguir financiación para llevar a cabo sus proyectos. Para los que por el contrario, creen que el financiamiento colectivo podría ser su solución, mostramos algunos consejos para comenzar la campaña de forma exitosa.

Lo principal aquí es la confianza, las ideas expuestas deberán estar explicadas con todo detalle, tratando de mostrar por qué serán viables y atraerán beneficios y por supuesto, evidenciando el interés y la confianza que el creador tiene en su idea. Hay que conseguir que los potenciales inversores se crean lo que están leyendo y que a la vez, les trasmita seguridad.

Hay que ser perseverante, pues de primeras una campaña puede no tener éxito o no tener todo el que esperábamos, pero si creemos que es una buena idea no debemos dejarla de lado. Habrá que tener paciencia, aceptar todas las críticas y escuchar las posibles mejoras que nos recomienden los que han visto nuestro proyecto, pudiendo llegar incluso a rediseñar o modificar el producto que teníamos en mente. Por otra parte, puede que aparezca alguien interesado en nuestra idea pero que no disponga de dinero para invertir, sin embargo se ofrece a ayudarnos con la comunicación y la difusión del proyecto por la web. Esto sería interesante también, por lo que no deberíamos menospreciar cualquier ayuda pero siempre controlando lo que publiquen o digan, pues no debemos perder la esencia del proyecto.

Debemos aprender a gestionar el tiempo y a planificarlos eficientemente, no hay que caer en el error de pensar que una vez publicada la idea en internet, todo el trabajo está hecho. Debemos seguir investigando, viendo si puede mejorarse el proyecto y tratando de prever las posibles situaciones que pueden darse en el futuro para que nada nos pille de improviso. No hace falta decir que tampoco hay que descuidar todo lo que pase alrededor de nuestra campaña, hay que estar al día tanto de todos los comentarios y propuestas que recibamos, como de los que podrían ser nuestros competidores en un futuro.

El financiamiento colectivo es una nueva forma  de recaudar fondos para que las nuevas ideas prosperen, pero no debemos olvidar que el público objetivo al que nos dirigimos también es diferente, por lo que debemos tomarnos todo el tiempo que haga falta para pensar en nuestra estrategia y en cómo vamos a presentar nuestro proyecto de forma que consiga llamar la atención.